En el año 2016, emprendí un viaje que marcó profundamente mi perspectiva sobre la historia, la humanidad y la necesidad de recordar. A través de Polonia, República Checa y Alemania, visité cuatro campos de concentración y exterminio que son hoy testigos silentes de un capítulo oscuro de nuestra historia.

Cada imagen capturada en este recorrido es un fragmento de esa experiencia. Los alambres de púas, los muros desgastados, las ruinas y el vacío tangible de estos espacios hablan por sí mismos. No son solo símbolos de la barbarie que ocurrió aquí, sino también un recordatorio de la resistencia de quienes lucharon por sobrevivir y de la necesidad de nunca olvidar.

Caminar por estos lugares fue enfrentarse a una sensación indescriptible: la mezcla de un profundo pesar y un compromiso inquebrantable con la memoria. Estas fotografías no son solo documentos visuales; son una invitación a reflexionar, a aprender y a mantener vivo el recuerdo de aquellos que no pudieron contar su historia.